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No hay certeza del futuro, vemos a nuestros seres cercanos enfermar y algunos morir en medio de la pandemia... Dios va contigo

Parece que esta larga cuarentena nos ha afectado más de lo que imaginamos. Sobre todo, la carencia de los sacramentos. Y es que somos alma y cuerpo. Necesitamos alimentar ambos.

A mí me hizo mucha falta visitar a mi buen amigo del Sagrario, Jesús Sacramentado. Recuerdo que solía enviar a mi Ángel de la Guarda a visitarlo en una parroquia cercana a mi casa.

 

También hacía frecuentes comuniones espirituales:

“Yo quisiera, Señor, recibirte con aquella pureza, humildad y devoción con que te recibió tu santísima Madre; con el espíritu y fervor de los santos”.

Recuperar la paz

Hay un forma de salir de la confusión que estamos viviendo y volver a tener paz y serenidad. Necesitamos pedir sabiduría para salir de toda confusión. La sabiduría te volverá a  mostrar el camino.

 

La Biblia nos invita a pedirla con libertad:

“Si alguno de vosotros está a falta de sabiduría, que la pida a Dios, que da a todos generosamente y sin echarlo en cara, y se la dará.” (Santiago 1)

 

Eso sí… parece que hay una pequeña condición y depende de ti.

“La Sabiduría no entrará en un alma mal dispuesta, ni habitará en un cuerpo esclavo del pecado.”  (Sabiduría 1)

El poder de la fe

¿Estas confundido? ¿No encuentras tu propósito? A todos nos ocurre en alguna ocasión, y más con estos tiempos oscuros que vive la humanidad. No hay certeza del futuro. Vemos a nuestros seres cercanos enfermar y algunos morir en medio de la pandemia.

Vivimos un tiempo de confusión, que sortearemos con sabiduría y la fe que nos permite mover montañas, sobre todo confiando en Dios.

 

Esto me hace pensar en los Apóstoles en la barca azotados por la tormenta y de pronto aterrados en venir hacia ellos a Jesús.

“Pedro contestó: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti caminando sobre el agua.» Jesús le dijo: «Ven.» Pedro bajó de la barca y empezó a caminar sobre las aguas en dirección a Jesús. Pero el viento seguía muy fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: «¡Señor, sálvame!» Al instante Jesús extendió la mano y lo agarró, diciendo: «Hombre de poca fe, ¿por qué has vacilado?» Subieron a la barca y cesó el viento,» (Mateo 14)

Es una historia que me encanta, por el fuerte mensaje que tiene sobre el PODER de la Fe, con la cual nada es imposible. Piénsalo… ¡Pedro también caminó sobre las aguas!

Ten fe, amable lector, pide a Dios sabiduría y no tengas miedo. Dios va contigo. Con Él, a tu lado, todo saldrá bien.