UNA REALIDAD IMPORTANTE DE GRITAR.




"La Historia se hace a partir de documentos", según la magistral expresión del Reverendo Padre Norman José Bercián Bonilla, SDB, historiador eclesiástico egresado de la Pontificia Universidad Gregoriana. La falta de identidad religiosa y cultural en la República de Guatemala ha ocasionado que sus habitantes olviden hechos relevantes y hagan juicios erróneos sobre los personajes históricos, narrando así una historia ajena la realidad.

Las revelaciones privadas (locuciones, apariciones u otras señales milagrosas) forman parte del patrimonio cultural cristiano, pues han dado paso a tradiciones que han pasado a ser parte de la identidad civil y eclesiásticos de los pueblos, ciudades, naciones y continentes. Por esta razón, además de fomentar la devoción, se necesitan fundamentos históricos, filosóficos y teológicos enseñar correctamente los hechos desde la profesionalidad académica.

Algunas revelaciones privadas aunque se hayan fuertemente documentadas y gozan del visto bueno de las autoridades eclesiásticas locales y universales han tenido poco auje. Por el contrario hay muchas que si bien, son populares, su narración se pierde en el mito, como la aparición de la Virgen del Rosario a Santo Domingo de Guzmán, la de la Virgen de los Ángeles a San Francisco de Asís o la Virgen del Carmen a San Simón Stock.

En este contexto se sitúa un acontecimiento que debería de ser de suma relevancia para el patrimonio cultural cristiano de Guatemala, pero ha pasado desapercibido para la mayoría de la feligresía en el país: ¡Nuestro Señor Jesucristo Resucitado, verdadero Dios y verdadero Hombre, se apareció en varias ocasiones en el año 1857 a la Beata Madre Encarnación Rosal en el Beaterio de Belén de la Ciudad de Guatemala!

Ante el escaso conocimiento de qué es una revelación privada, la falta de investigaciones minuciosas y sobre todo el mínimo deseo de aprender, se cae en el error de creer que las experiencias místicas de la Madre Encarnación fueron únicamente locuciones, debido a que en sus escritos originales no se narran dichas apariciones. Incluso, se ha llegado a creer que las apariciones son un error de interpretación de los devotos.

Además de los relatos autobiográficos de la benemérita superiora bethlemita, existe una biografía escrita por la Hermana Asunción Rivera, sobrina y confidente de la Madre Encarnación. En estos relatos, además de la voz interior que el Jueves Santo 9 de abril de 1857 le dijo: "No celebran los Dolores de mi Corazón" y que se repitió días después, se narra una gran aparición y para no restarle fuerza a las palabras, la transcribimos tal cual:

"Una noche que sufría el insomnio que produce el amor divino cuando el alma recibe grandes consuelos o por el contrario sufre penas, pavor y tristeza; en esa noche, de repente vi aparecer ante mi vista una luz clarísima, no como la del sol sino blanquísima y suave, pues no ofendía la vista. En medio de esa apacible luz, se me presentó Nuestro Señor Jesucristo, derramando sangre de todos su poros, y como melífluo acento, mientras descubría su amante Corazón traspasado con diez dardos que sobre manera le herían y oprimían, me dijo: Estos diez dardos me traspasan, porque los hombres quebrantan los diez mandamientos de mi Santa Ley".

¿Vamos a seguir negando las apariciones cuando el texto dice que a la Madre se le presentó Jesús? ¿Seguiremos creyendo que solamente recibió una voz interior cuando hay un relato fidedigno que nos dice que ella vio ante sus ojos al Señor? Es importante recordar que en la misma Biblia, muchos acontecimientos históricos no quedaron escritos (2 Ts 2, 15), pero conocemos los relatos pero conocemos los relatos a través de la Tradición.

San Ezequiel Moreno Díaz, Obispo de Pasto, realizó un estudio histórico, filosófico y teológico sobre este hecho sobrenatural y lo llevó a Roma, alcanzando de los censores eclesiásticos de la Santa Sede bajo el báculo del Papa León XIII la autorización para difundir el libro "Devoción a los Dolores Internos del Sagrado Corazón de Jesús", un auténtico catecismo que muestra la autenticidad de estas revelaciones privadas.

Las experiencias místicas no forman parte del Depósito de la fe y por ello el Magisterio no obliga a creerlas, pero muchas de ellas han servido para impulsar definiciones dogmáticas y oficios litúrgicos. Por otra parte, nunca faltan los opositores, por ejemplo con la Inmaculada de Guadalupe, cuyas apariciones son las históricamente las primeras de la Virgen y aunque gozan del respaldo de la Santa Sede, muchos siguen negándolas.

La difusión de las apariciones de Jesús y la extensión del culto al Corazón Dolorido del Señor queda bajo la responsabilidad de todos los católicos guatemaltecos. Por su parte, a petición de Mons. Mariano Rossell Arellano, en 1957 la Sagrada Congregación de Ritos reiteró a tan Dignísimo Arzobispo de Guatemala que el libro escrito por San Ezequiel está autorizado y las apariciones pertenecen al culto que la Iglesia Universal tributa al Sagrado Corazón de Jesús.

Investigación y redacción:
Don José Barillas, Pbro.

Fuentes consultadas:

Bercián Bonilla, Norman José. (2017) "Apuntes de clase. Curso de Historia de la Iglesia". Universidad Mesoamericana. Centro Salesiano de Estudios Superiores. Guatemala.

Biblia de Jerusalén. (1976) Editorial Desclée de Brouwer. Con aprobación de la Conferencia Episcopal Española.

Hermanas Bethlemitas. (1957) "Los Dolores Internos del Sagrado Corazón de Jesús". Medellín. Editorial Bedout. Con autorización del la Arquidiócesis de Medellín.

Moreno Díaz, Fray Ezequiel. (1957) "Devoción a los Dolores Internos del Sagrado Corazón de Jesús". Santa Tecla. Talleres Gráficos Salesianos. Con aprobación de los censores eclesiásticos del Papa León XIII.

Rosal, Madre Encarnación. (1983) Historia del Convento Betlemita de Quetzaltenango y Epistolario. Introducción y comentarios del Padre Carlos Mesa, CMF.